25 de Febrero
En Gudiña, pueblecito de la provincia de Orense nació y vivió como pastor el Beato Sebastián de Aparicio, antes de trabajar en Salamanca, Extremadura y Andalucía.
Finalmente cruzó el charco y en 1533 llegó a México donde se le ocurrió la idea de adaptar el camino que iba de Veracruz a México para que pudieran pasar carretas. Lo consiguió y junto con un amigo construyó las primeras carretas que transitaron por el territorio mexicano, tiradas por toros, amansados por él.
Animado por el éxito conseguido realizó una obra semejante entre México y Zacatecas, la ciudad de la plata, a pesar de que para lograrlo tuvo que conseguir en primer lugar la amistad con los indios chichimecas que eran caníbales y muy belicosos.
Nuestro santo era tan supremamente bueno y generoso que llegó a conseguir que los chichimecas fueran los vigilantes que daban seguridad a la ruta.
Ganó muchísimo dinero pero con él compró unas tierras e hizo una escuela donde los indios aprendían a labrar y su casa se convirtió en asilo seguro para pobres y necesitados de todo tipo.
Después de enviudar dos veces, vendió sus bienes y entregó el dinero a las religiosas de Santa Clara, se hizo donado franciscano y dedicó el resto de su vida a la oración y a servir como labrador a esas mismas religiosas.
Son innumerables los relatos de curaciones que se cuentan debidas al Beato Sebastián, que finalmente entregó su espíritu en manos de Dios el 25 de Febrero de 1600.
Celes Tino
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